Yoani o la libertad contra Goliath.

Leo en el blog de Yoani Sanchez que su profesión (no ejercida) y su pasión son la filología y la informática. Coincido en la segunda y la admiro por la primera, de la que es licenciada y doctora.

En cualquier caso, como es habitual en las grandes personas, mi admiración por ella no reside tanto en las formas de su trayectoria vital, como en el fondo de sus desvelos y en la desigual batalla que libra para conseguirlos.

No la conozco personalmente y se de ella lo poco que sus pocos amigos y sus muchos enemigos han difundido o contribuido a difundir, pero la opinión que me he formado es la de una persona tan paciente, reflexiva, introvertida y silenciosa en la distancia corta como exaltada, ardiente y luchadora frente al gigantesco enemigo con el que convive a diario y que no es otro que su propio país, su propio Gobierno y sus propios vecinos. Y así ha llegado hasta mi blog como supongo es su forma de ser en la vida real, de puntillas, sin hacer ruido, como la sugerencia a media voz de un tercero, pero con la suficiente tenacidad y rotundidad como para denunciar el penoso statu quo que vive su país, Cuba y las difíciles vicisitudes diarias de sus habitantes en la titánica lucha por sobrevivir librada día tras día por los cubanos anónimos.


A poco que uno profundice en la vida y obra de Yoani, se siente tocado en lo más profundo de sus convicciones y obligado a corresponder a semejante esfuerzo por parte de esta mujer, de complexión menuda en continua pugna contra un adversario miles de veces más fuerte que ella pero ante el que no se arredra en absoluto.

Disidente con su gobierno, desde dentro, desde dónde tienen más valor sus palabras y sus actos no puedo dejar de ocultar mi admiración por ella desde aquí, desde Europa, desde una España, aunque mal gobernada por una corriente ideológica, el socialismo, destinada a la desaparición por sus propios desmanes, en la que, no obstante, impera el Estado de Derecho, y en un escenario dónde es muy fácil escribir sobre Constitución, leyes y demás mandangas con la total impunidad del que, aunque crítico con el Gobierno y las Instituciones, se sabe efectivamente amparado por los derechos fundamentales a la libertad ideológica, de expresión, de residencia y circulación y tantos otros proclamados en nuestra Constitución (TI, SII, CI).

Todo lo contrario que para Yoani, en una Cuba que, en realidad son dos Cubas la Cuba oficial, paraíso del socialismo (antes del comunismo), tierra de la felicidad, de la dicha, la igualdad y la abundancia, sobre todo en dogmas y proclamas trasnochados, democrática y social, un edén, vamos

Ella también tiene una Constitución, dirán algunos, y es cierto. Tan cierto como la tipología ontológica que ya Lowenstein realizó a mediados del S.XX acerca de las Constituciones escritas, dónde no dudó en clasificar de semánticas aquellas, como la Cubana, irreales, ajenas a conceptos tan importantes como la conquista y ejercicio del poder, llevados a cabo a sus espaldas, y que, lejos de guiar el proceso político, legitima y formaliza el poder como monopolio de un determinado grupo ideológico, por muy disparatada que sea la ideología que (interesadamente) la sustenta. Constituciones dónde encontramos derechos tan rimbombantes como difusos, estériles e ignorados y que no son más que papel mojado, pantalla, careta y disfraz de un Gobierno que contradice, con sus actos, cada renglón de la misma.

Después está la otra Cuba, la real, la de la miseria, la escasez, la represión, el miedo y el silencio, la Cuba en la que tu vecino es tu traidor, la Cuba en la que es imposible llegar a fin de mes con el trabajo de cada uno, dónde un físico nuclear te despacha el pan (sic) y dónde la política interna consiste en arengar continuamente al pueblo a conquistas irrealizables a base de soflamas tales como ahorro o muerte imposibles de cumplir por el pueblo (carente de dinero y otras propiedades) a no ser que sea el omnipresente Estado quién decida ahorrar por los sufridos cubanos a base, por ejemplo, de cortarles la luz para así reducir el consumo energético o aquella otra en la que los anuncios televisivos [nos] llaman a aumentar la higiene ante el avance del H1N1 (…) ,y correlativamente [nos] llama a lavarnos las manos frecuentemente, usar pañuelos cuando estornudamos y mantener una buena higiene personal en un país en el que faltan mascarillas, lavamanos e incluso el agua corriente

Esa es la Cuba real, la Cuba ignorada por el resto del mundo, esa es la Cuba enemiga de quién incluso quiere dejar atrás años de bloqueo e iniquidad y comenzar a tender manos que se conviertan en puentes salvadores de cara al futuro.

Por el contrario, es a la Cuba oficial, la Cuba verduga de sus propios ciudadanos, a la que nuestros estadistas estimulan y rinden pleitesía en un acto más de miopía política sólo interesada en lavar la cara a una dictadura cruel y represiva por la única razón de una supuesta identidad ideológica que tiene, aquí también, atenazados sus cerebros

Maese Moratinos (que es la voz de su amo) y el resto del Olimpo socialista español no caen en la cuenta de que, dando la espalda a la disidencia Cubana zahieren sus aspiraciones e ilusiones, cercenan su futuro y les empujan, un poco más, hacia el abismo del desprecio, el exilio y el silencio, al tiempo que legitiman una estirpe política que dirige la nación a un camino circular hacia ninguna parte.

Por tanto es al esfuerzo que Yoani realiza a diario por zafarse de la mordaza gubernamental cubana al que yo, con mi modesta aportación rindo testimonio de mi admiración, sabedor de lo poco que representa, pero con la esperanza y la convicción de que, cualquier acto o acción, por nimio que nos parezca desde la comodidad de nuestras casas y de nuestro europeo Estado de Derecho, puede resultar, siquiera como apoyo, importantísimo para todos aquellos que se juegan la vida por la libertad en cualquier rincón del planeta.

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Gürtel, el bucle infinito hacia la nada

El caso Gürtel, como piedra angular de la campaña de acoso y derribo del PSOE contra el PP sigue dándonos muestras de lo disfuncional y pernicioso que puede llegar a ser el bipartidismo al que hemos llegado, como consecuencia del parlamentarismo racionalizado, con tendencia a tal bipartidismo, en el que se ha convertido nuestro sistema de representación política, es decir, una peligrosa confluencia de bipartidismo y racionalización.

En democracias en las que se suelen producir mayorías absolutas, dónde se origina una fusión mayoría parlamentaria-Gobierno, cuando los dos partidos predominantes defienden políticas y posiciones irreconciliables y, lejos de afanarse en las labores Gobierno-Oposición, respectivamente encomendadas, se dedican afanosa y continuamente a utilizar y manipular a su antojo los medios de comunicación que a cada uno le son afines, creando así corrientes de opinión desfavorables hacia el adversario, instituciones como el Poder Judicial son las únicas capaces de mantener el imprescindible principio de separación de poderes, habida cuenta del escasísimo (por no decir nulo) margen de maniobra con el que la oposición cuenta para articular dignamente su alternativa política, en un marco de parlamentarismo racionalizado en un en el que la comunión mayoría parlamentaria-Gobierno es total.


El caso Gürtel se ha convertido en paradigma de la disfunción aludida, un bipartidismo fracturado entre una oposición atenazada por mecanismos racionalizadores, y un Gobierno al que estos mecanismos (por el contrario) se le presentan como herramienta útil de gobierno, entregado a una democracia consociativa, de pactos, gracias a la cual tiene asegurada, además, la mayoría absoluta en el seno de un Parlamento que (ideologías aparte) le es afín.


El levantamiento oficial del caso Gürtel (y digo oficial porque, desde enero, llevamos conociendo todos los aspectos del mismo a través de determinados medios de comunicación) nos ha dejado perlas jurídicas tales como el Auto en el que el Juez Garzón, en una primera fase de la instrucción, ordenaba la grabación de las conversaciones privadas que mantuvieron en prisión el presunto cerebro de la trama Gürtel, Francisco Correa, y su abogado.

Al parecer, Garzón invocó para las escuchas un precepto que permite intervenir las comunicaciones con los abogados para casos de terrorismo, consiguiendo con ello, desvelar que los supuestos responsables y cabecillas de lo que ha dado en llamarse la trama del caso Gürtel pretendían controlar el procedimiento y hasta las relaciones con los jueces y fiscales del caso a través del abogado de Correa, presuntamente implicado en la causa.

Hasta aquí todo bien, pero el problema surge cuando Francisco Correa, prescindió de los servicios del abogado, Manuel Delgado Solís, haciéndose cargo de la defensa del primero Antonio Choclán, momento en el cual, las grabaciones entre cliente y abogado, lejos de suspenderse, continuaron aportando al Sumario y a Garzón una información que, ahora si, vulnera gravísimamente el derecho de defensa, el secreto profesional, el de las comunicaciones, y constituye un claro atentado contra el Estado de Derecho, según manifestaciones del Consejo General de la Abogacía, órgano aglutinante de todos los colegios de abogados de España. Y lo peor es que, de estas grabaciones, hasta la fecha, sólo se han extraído los pasajes mas morbosos e intranscendentes del proceso, lo que las configura como una clara herramienta mediática, al servicio de la casquería periodística, interesada en amplificar los efectos perjudiciales del caso de cara al PP, a base de airear unas miserias personales de los procesados que no aportan, repito, más que carnaza a la opinión pública.

El caso Gürtel, poco a poco se va convirtiendo aquello para lo que fue ideado al margen de acabar con una trama local de corrupción a pequeña escala con sus luces y sombras.

La pretendida corrupción generalizada en el seno del partido de la oposición, condimentada con la oportuna dosis de medias tintas, vaguedades, dudas y desinformación indudablemente se ha instalado, como una bomba de relojería, en el seno del Partido Popular el cual, a mi juicio, ante la amenazadorfa perspectiva de que la fecha programada para la explosión definitiva, se haya fijado peligrosamente cercana a la de las elecciones generales, reclama de los dirigentes del partido, un cambio de rumbo y estrategia urgente, que despeje, de cara a la opinión pública, todas las dudas que el caso Gürtel está sembrando en los ciudadanos, victimas, una vez más, de una clamorosa e interesada campaña de desprestigio y desinformación.


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Somonparty 2009


Va a tener lugar este año la segunda edición del Somonparty, feria de nuevas tecnologías en Barbastro, en la cual participo gracias a la iniciativa de los organizadores, siempre preocupados por ayudar a quienes tenemos y mantenemos un blog a difundir y dar a conocer nuestra obra a través del concurso de bitácoras.

Si te gusta este blog y quieres aportar tu granito de arena, vota en los enlaces que encontrarás a la derecha y en la imagen de esta entrada. Si por algún motivo, no funciona alguno de ellos, haz click en este link.

Una vez accedas a la página del certamen, encontrarás la lista de participantes, divididos en secciones y por orden alfabético de los apellidos de su autor/a, haz click en "votar", situado a la derecha del título del blog y ya está.

Las bases del concurso son estas.

Nada más, desde aquí te agradezco tu tiempo y te animo a que eches un vistazo a los blogs participantes, te aseguro que merece la pena.

Pero Somonparty no es sólo un concurso de blogs, es mucho más, descubrelo accediendo a la página inicial del certamen, para ello, pincha aquí.

Muchas gracias y suerte a todos los participantes.


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15 de Octubre de 2009.Una vezfinalizada la votación popular, el resultado ha sido el siguiente:




Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que han votado este blog y al resto de participantes, a quienes deseo suerte de cara a la votación final del jurado de la organización que decidirá el ganador final y que se celebrará el domingo día 18.
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18 de Octubre de 2009.


Finalmente estos han sido los ganadores:
Mejor blog tematica Alto Aragón: www.interesantebinefar.blogspot.com/


¡Enhorabuena a ambos !



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Honduras, hacia la radicalización de América Latina.

La problemática surgida en Honduras en las últimas semanas, a raíz de la destitución, para unos y expulsión del país para otros del Presidente Constitucional Manuel Zelaya, elegido en 2006 y cuyo mandato está (estaba) próximo a expirar no hace sino avivar el grave y acuciante problema de radicalización izquierdista que América latina está viviendo en la actualidad.

Y es que el sur del continente americano ha sido, desde siempre, terreno abonado para los cambios políticos sucedidos casi habitualmente de manera traumática y en la mayoría de los casos, a golpe de pronunciamiento, golpe militar y derrocamiento del Gobierno más o menos legítimo, con el consiguiente y habitual, sufrimiento de la población y empobrecimiento general del país.

Argentina y Chile son dos “buenos ejemplos” de ello.


Durante décadas, las Constituciones iberoamericanas se han proclamado con júbilo y convertido en papel mojado casi a la misma velocidad que cada país cambiaba, de una u otra forma, de Gobierno, ora golpista, ora de manera más o menos democrática, de manera tal que, sirvan, a modo de ejemplo, los casos de países como Ecuador, que ha tenido 20 Constituciones desde su independencia en 1822 y la República Dominicana nada menos que 31 desde la suya, en 1844. Casi nada.

En ocasiones, el motivo del afán renovador de los gobernantes era el de “romper definitivamente con el pasado”, pero, en la mayoría de los casos, la verdadera intención de quién proponía la modificación Constitucional, era la de prolongar su mandato. Así de simple.

Y así llegamos a nuestros días, en los cuales dirigentes de marcado carácter izquierdista, revolucionario, socialista y no se que cuantas etiquetas distintivas más se han propuesto extender sus ideales por todo el sur del continente, para lo cual, “como primera providencia” necesitan tiempo, y es precisamente el tiempo el que, con Constituciones que limitan sus mandatos, supone el primer y más grande escollo con el que se encuentran los modernos salvapatrias iberoamericanos.

¿Cómo sortear ese problema?, pues muy fácil, eliminando las limitaciones que cada texto constitucional propone precisamente para restringir la duración de los mandatos de quienes, arrogados por gracia divina de la posesión de la verdad y la razón, asumen el “deber” de “apechugar” con la pesada carga de salvar al país de males, imperialismos y monstruos venidos ex profeso desde más allá del non plus ultra con el avieso propósito de atacar la sacrosanta soberanía del país.

El primer error, de bulto, que cometen estos césares de tres al cuarto es el de ignorar que, los redactores de la Constitución que pretenden violar, precisamente incluyeron periodos de mandato limitados e improrrogables para salvar al país de gente como ellos y sus mayorías circunstanciales, tan habituales en países que, mal que nos pese, se encuentran en vías de desarrollo.

El caldo de cultivo de las ideologías que pretenden imponer se lleva “cocinando” durante décadas, apoyado en tristes realidades tales como la pobreza, el bajo nivel cultural y económico de una parte importante de la población y en axiomas tan repetidos como dudosos, en los cuales, el culpable de todos los males es el demonio, encarnado en la tierra y gentes del vecino del norte (Estados Unidos), chivo expiatorio de todos los problemas de Latinoamérica que, si bien tampoco se encuentra rodeado de un aura de santidad, todo hay que decirlo, le viene de perlas al gobernante de turno para encontrar una víctima propicia a quién echar la culpa, en no pocos casos, de la ineficacia y corrupción del Gobierno que encabeza y de la práctica totalidad del aparato estatal, capaz, como en los casos de Argentina y Venezuela, de transformar una país inmensamente rico en un desastre económico y social del que, no nos equivoquemos, los culpables son sus sucesivos gobernantes.

Políticas sociales que no son tales se anuncian además bajo el (innecesario) apelativo de revolucionarias, de tanto agrado por esos pagos, erigiéndose como soluciones mágico-divinas, emanadas de testas “autocoronadas” capaces únicamente de crear ilusión y esperanza en pueblos deseosos de abandonar la pobreza y poder llevar una existencia digna, al estilo de los países del “primer mundo” dónde, precisamente, este tipo de políticas son paulatinamente abandonadas una vez experimentadas en el convencimiento de que, a largo plazo, no son más que una ilusión insostenible, perfecta para crear o agrandar fracturas sociales y sólo beneficiosa para quienes, bajo su amparo, puedan situarse en posición de acaparar el mayor porcentaje de “beneficio social” de que sean capaces. Cada uno que saque sus propias conclusiones.

Llegados al caso hondureño, el esquema se repite. Los artículos 239 y 240 de su Constitución de 1982 prohíben expresamente ser Presidente a quién haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo, con lo cual, es evidente el veto a la reelección.

El depuesto Presidente Zelaya, en un acto, a mi entender claramente inconstitucional, pretendía modificar la Constitución para continuar en el poder y la formula para llevarlo a cabo era la de proponer al pueblo hondureño una “consulta popular” que diese a su decisión de reformar la Constitución una pátina de legitimidad apoyada en esos actos de democracia directa y populista que tanto agradan a los demócratas con ínfulas dictatoriales. Obvió Zelaya que dicho acto (el de convocar una consulta popular) era también ilegal, puesto que, recientemente el parlamento ha aprobado una Ley para prohibir cualquier tipo de consulta 180 días antes de de unas elecciones, lo cual da una idea de lo que este parlamento confiaba en las intenciones del Presidente, cosa nada sorprendente dada la errática y extraña forma de gobernar de Zelaya que concurrió a las urnas por el Partido Liberal (de centro derecha) y que ha llevado a cabo, después, una política de izquierdas al más puro estilo de su aliado y amigo Hugo Chávez.

Así las cosas, el Presidente Zelaya, una vez le fue reiterada la prohibición de realizar la “consulta popular”, por parte del Tribunal Supremo Electoral del país, que entendía que tal “consulta popular” no era sino un eufemismo bajo el que se escondía un verdadero referéndum, decidió continuar adelante con su plan, de manera esperpéntica llegando incluso a destituir al Jefe del Ejército por incumplir su orden (ilegal) de repartir las urnas que debían servir para la “consulta”.

Ésta fue, prácticamente, la gota que colmó el vaso. Zelaya, empecinado ya en su disparatada empresa, enfrentado no sólo al Congreso, Corte Suprema y Ejército, sino además a su propio partido, fue arrestado el 28 de junio de 2009 y trasladado por la fuerza a Costa Rica.

En un acto de exquisita constitucionalidad, para acallar a quienes, no obstante no han dudado en calificar el arresto y expulsión del país del depuesto Presidente de “golpe de Estado”, tal y como prescribe el Art. 242 de la Constitución hondureña de 1982, el Presidente del Congreso, a la sazón, Roberto Micheletti ha sido designado Presidente Interino hasta la celebración de las elecciones, previstas para el 29 de noviembre.

De aquí en adelante, sólo nos resta que el tiempo juzgue lo provechoso o no de tan ingratas actuaciones, llevadas a cabo, no quepa duda, por razones de fuerza mayor, en evitación de males indudablemente mayores, dado que, caso de haberse celebrado la “consulta” el recuento sería llevado a cabo por el Instituto Nacional de Estadísticas (equivalente a nuestro CIS y organismo dependiente del Presidente) y, según la oposición, más que probablemente falseado.


Una vez los resultados hubiesen dado la razón a Zelaya, la maquinaria ya estaría circulando “cuesta abajo”, arrollando con su dudosa legitimidad toda la legalidad vigente para conseguir un megalómano fin, que tornase al Presidente de Honduras en un “César” al estilo de los cubanos, venezolanos, ecuatorianos, colombianos, peruanos, dominicanos, guatemaltecos y tantos otros.

Sea como fuere, el motivo de mi satisfacción es que, al menos en esta ocasión, una Constitución democrática, aunque joven (1982), surgida tras la “lucha política” contra los militares tras décadas de dictadura (años 50, 60 y 70) ha sabido ser defendida utilizando sus propios recursos, apoyada en un Ejército que, lejos de conservar el mando tras ser depuesto el Presidente, lo han entregado a quienes, de manera constitucionalmente legítima, debían hacerlo, manteniendo así el orden constitucional y, con él, la paz, lo cual, sin duda, ha evitado un posible derramamiento de sangre e incluso una guerra civil.

Así ha sido por ahora y así espero que siga siendo.
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Cuando hablan las urnas


Texo de Jose Luís:

No diré que me haya cogido por sorpresa, que no lo ha hecho; tampoco diré que me lo esperaba, porque uno no pierde nunca esa pizca de ingénuo optimismo que le lleva a pensar que todo puede modificarse para bien... pero lo cierto es que los hecho siguen siendo contundentes, algo así como esa bofetada de realidad que nos hace pisar tierra; y eso es lo que ha pasado,

Elecciones vascas, las urnas hablan... esas benditas urnas que siempre tienen razón, incluso cuando algo nos dice que \"se equivocan\", es decir, cuando lo que dicen no es lo que quisiéramos oír.


Y entre esos dos sentimientos me encuentro cogido, ante los dos en parte angustiado. Uno crée que muchos siglos de evolución y bastantes años de libertad y progreso social no pueden sino llevar al terreno de la razón, de la lógica ideológica y la más exquisita y respetuosa postura a quienes hacen de la política su tarea; uno en su inconsciente e irrenunciable optimismo se empeña en ver un ejercicio de democrática responsabilidad en quienes han de pasar a la oposición por voluntad popular... que no se olvide, proviene de aquellos a quienes deben servir. Pero no, no es así de fácil, por lo visto hay más términos en la ecuación... y por lo visto deben ser \"incognitas variables\", no precisamente aleatorias ni en función matemática incontestable, sino más bien como la veletas, según de dónde sopla el viento, y por supuesto, si éste mueve o no las aspas de mi molino.

Es curioso constatar como no hay rubor alguno ni se suscita conflicto de conciencia en quienes, circunscribiéndose a su pequeño y particular ámbito de \"realidad existencial\" utilizaban las urnas como último argumento, como garante de su particular visión del mundo y concepción de la sociedad y ahora buscan mil argumentos para retorcer hasta deslegitimar lo que de ellas ha salido.

Claro, no hay inconsecuencia, no se da la contradicción, no cabe el rubor por la sencilla razón de que la diferencia fundamental sin duda alguna) estriba en que antes decían lo que se quería oír y ahora, en cambio, parecen hablar suahili, haber entrado en trance, profieren un sonido ininteligible.

Quien se haya molestado en seguir el proceso de las elecciones vascas, quien esté al cabo de la calle de lo que supone este relevo en la lehendakaritza y al tiempo observe las reacciones de los de siempre, de los chicos más vascos y diferentes que nadie, sabrá de qué estoy hablando.
Lo que se dijo y se dio a entender en el último \"alberdi eguna\" no diré que es de juzgado de guardia, pero sí para sacar conclusiones.

Estos chicos no sé si son conscientes del hecho, pero han perdido algo más que la vara de mando en el gobierno vasco: han perdido también la credibilidad que les quedaba.
No está bien ese ejercicio de ahora te quiero, ahora no te entiendo... la soberanía está en el pueblo, no en el partido más puro y fantástico de un universo estrecho; y ese pueblo, señores nietos del señor Arana, se ha expresado con claridad... aunque lo que ha dicho no les guste.

Es lo que hay, es lo que se ve... pero a pesar de todo, con su permiso o sin él, yo seguiré pensando en que todavía hay espacio para la coherencia y la cordura, para la honradez y eso que por esta tierra llaman buen perder. Después de todo, mis tendenciosos e inconsecuentes amigos, siempre tienen ustedes la opción de buscar el camino del servicio y la ilusión, de aprovechar este toque de atención para aprender de lo errado, para mediante la raeflexión y la modestia, la autoacrítica y el espíritu de mejora conseguir que las urnas sonrían por provocar la sonrisa, confiada y dispuesta, de los miles de ciudadanos que hablan a través de ellas.
Esta ha sido, es y será siempre la única lectura posible, tanto cuando se ganan como cuando se pierden elecciones y gobiernos. Hagan ustedes oposición, ganen de nuevo la confianza perdida, pero no hagan táctica de tierra quemada ni desautoricen poniendo en entredicho la voluntad de aquellos a quienes dicen querer servir.
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Poderes divididos...


Consumada ya la huelga de Jueces, o, por lo menos la primera parte podemos empezar a sacar conclusiones y la primera (evidente) es que, efectivamente, la huelga se ha llevado a cabo.

Frente a quienes cuestionaban la legalidad y (por lo tanto) posibilidad de la misma, fundamentalmente partidos políticos y asociaciones afines, se encontraban quienes no veían impedimento alguno para llevarla a cabo. Posiciones enfrentadas incluso en el seno de las asociaciones de Jueces, y no carentes de argumentos para sustentarlas.


Quienes la apoyaban, como es natural, defendían la teoría de que, por muy Poder del Estado que se sea (nótese aquí implícita la autocomplaciente afirmación de Poder del Estado), no hay motivo ni norma alguna que impida la convocatoria y realización de huelga a los Jueces. No me extenderé mucho en cuestiones de técnica jurídica, pero si que entiendo que ha de buscarse el epicentro del problema tanto en la interpretación conjunta de los artículos 28 y 127 de la Constitución como en la “mutación constitucional” derivada de la interpretación del Ordenamiento Jurídico a la luz de los cambios sociales, económicos y políticos de nuestra actual sociedad de los que se deriva la aceptación , por parte del Tribunal Constitucional del término “trabajadores” en el sentido más amplio de la palabra, es decir, aquel en el que se incluyen tanto a los tradicionales trabajadores por cuenta ajena como a los funcionarios, todo ello como consecuencia de la aceptación, por nuestro país, de varios convenios internacionales inspirados en las “directrices” de la OIT.

Si volvemos de nuevo al Art. 28.2, que remite a la Ley el ejercicio del derecho a la huelga y la aplicamos al caso particular de los Jueces, nos encontramos con que la Ley Orgánica del Poder Judicial no incluye ni tipifica específicamente como infracción disciplinaria el que los jueces se declaren en huelga por lo que, difícil sustentación tiene una prohibición sin base legal suficiente como es (a mi juicio), el caso.

Así pues, no tuvieron, los favorables a la huelga, que rebuscar mucho en las leyes ni en la doctrina puesto que, no encontrando en las primeras prohibición expresa alguna, la segunda les otorgó el mínimo sustrato legal necesario para apoyar sus teorías basándose en el concepto de libertad no como “en el derecho a hacer todo aquello que las leyes permitan”, tal era la caduca y restrictiva afirmación de Montesquieu o como propugna el Art. 4 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1789 al afirmar que “La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro”, sino (superando estos dos conceptos) en todo lo contrario, es decir, como “derecho a hacer lo que las leyes no prohíban”, más acorde con la realidad sociopolítica actual, siendo únicamente a través de la ley como pueden establecerse límites al ejercicio de las libertades.

Y como lo uno lleva a lo otro y lo otro es fundamento de lo uno, pues eso, huelga al canto…

Cuestión aparte es la de los fundamentos de la convocatoria en los que aparece, como más llamativa (y menos afortunada) la cuestión de los emolumentos así como la auto-gestión del tiempo reclamada por los Jueces como de inexcusable delegación en los Secretarios Judiciales y digo poco afortunada porque ha puesto “a huevo” de la clase política la réplica torticera e interesada crítica a esta actitud adoptada por los Jueces españoles, ya que se han encargado de hacer aparecer a los Jueces como unos funcionarios (aquí despojados a sabiendas de su carácter de Poder Público) egoístas interesados únicamente en “cobrar más trabajar menos”, pero lo que no se le escapa a nadie ya a estas alturas es que la huelga se produce, más que por cualquier otra cosa, por el deplorable e inexplicable estado de caos y saturación en el que se encuentra la Administración de Justicia española a causa, fundamentalmente del olvido y dejadez al que, históricamente TODA LA CLASE POLÍTICA, sea cual fuere su tendencia ideológica han “condenado” al Poder Judicial, abocándolo irremediablemente a la caótica situación en la que se encuentra.

El llamado “caso Mari Luz” no ha sido más que la constatación de lo que venía siendo un terrible presagio que sólo la técnica del avestruz (esconder la cabeza para obviar el peligro), conseguía mantener en el lado del siempre frágil territorio de los “peligros potenciales”, haciendo aflorar también un corporativismo que, como no, maleado del mismo modo por los políticos, ha terminado siendo interpretado con un sentido muy diferente al que ha hecho reaccionar a los Jueces llevándolos a la huelga.

Y es que no se trata de un “levantamiento” judicial por el mero hecho de que uno de sus miembros se haya visto afectado, sino porque, de seguir así la cosa, serán muchos los casos “Mari Luz” que continuarán ocurriendo porque, diligencias o negligencias judiciales aparte, con estos mimbres, señoras y señores, no podemos esperar mejores cestos, y es sólo cuestión de tiempo la aparición de más casos como el citado con el tremendo drama que ello supone para sus víctimas si no se moderniza la justicia, si no se la dota de más medios materiales y personales, con personal especializado, evitando lo más posible el recurso a las “bolsas” de personal interino y poco (o nada) familiarizado con la praxis jurídica. Ha de imprimirse un carácter dinámico y eficiente a personal y práctica judicial, que pasa inexcusablemente por la interconexión informática de Juzgados y Tribunales, con creaciones de bases de datos actualizadas, fiables y accesibles a todos los profesionales de la Administración de Justicia, con un método de trabajo basado en gran medida en el uso de las tecnologías de la información y el conocimiento tan usadas ya hace tiempo en la empresa privada que eviten que ya no sólo que delincuentes condenados campen a sus anchas por el país sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo, sino que se reduzcan los más de 2,5 millones de causas pendientes, incrementos de hasta el 500% de la carga de trabajo en el último año en Juzgados de lo mercantil debido a la actual crisis y un largo etcétera que no podemos permitir que siga existiendo.

Obvio es que todo ello pasa por una gran inversión tiempo y de dinero, lo cual, especialmente el dinero, en tiempos de crisis no suele ser muy bien entendida pero, ¿acaso el tema que nos ocupa no lo vale…?
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La Constitución, Chin Pon...


Mucho y de manera muy seria se ha escrito y debatido estos días tras los treinta años de Constitución en España , celebrados recientemente, por lo que yo, lejos de soltar otra perorata inmisericorde, voy a intentar descargar de gravedad esta cuestión (la del aniversario) tratando de mostrar la realidad del pueblo español tal y como es y gusta de ser reconocido, o sea, con la fiesta por delante. Así que las conclusiones que pueden extraerse son, básicamente dos.

FIESTAS Y PROTESTAS.


Curiosamente, en España tenemos una increíble facilidad para mezclar estos dos términos que, en principio pueden parecer antagónicos, pero no lo son… (por lo menos aquí).

Y es que, como no puede ser de otro modo, la ideología española no concibe aniversario, cita o fecha señalada sin CELEBRACIÓN a modo de fiestorro y a poder ser, con puente incluido, que de otra cosa no sabremos los españoles, pero de fiesta…, y como muestra uno o dos botones…

Por ejemplo, la manía de darle vueltas al torno con que si laico, que si aconfesional (cfr. Art. 16), que si la Iglesia Católica, que si los crucifijos en los colegios sí, que si los crucifijos en los colegios no, pero que a nadie se le ocurra prohibir las procesiones y celebraciones de la Semana Santa, que se puede armar un pollo de no te menees.

Si hasta los independentistas vascos más radicales se van de puente el día de la Hispanidad. Y es que, aunque parezca que no, la kale borroca cansa, cansa y mucho así que, claro, hay que tomarse un descansito. Parar para seguir avanzando, que diría alguna mente preclara en estos temas.

La fiesta que no falte, nos vamos a la montaña, aprovechando que ha nevado mucho y que se prevé un estado óptimo de las pistas de esquí, al pueblo, al extranjero, a dónde sea y allí, entre forfaits, comidas y demás algarabías, pasamos el puente tan ricamente…

Y como aparente contraposición a esto, por otra parte están los que, además de no irse a ninguna parte, se dedican a, como dije en la entrada que inauguraba este blog, a echar sapos y culebras en contra de la Constitución, porque la ocasión la pintan calva y porque si una cosa tiene la Norma Suprema es que no deja indiferente a nadie.

De manera que un pequeño (repito, pequeño) porcentaje de ciudadanos se dedican ufanos a la agotadora (lo reconozco) tarea de insultar la Carta Magna, predicar a los cuatro vientos su insidia, lo subyugante (asfixiante incluso) de su articulado, lo perniciosa que es para la sociedad, la conveniencia de modificarla, derogarla, quemarla etcétera, etcétera en una serie de actos (aquí es dónde viene la conexión entre los dos conceptos en los que se basa este escrito) de indudable carácter lúdico en los que se bebe, se ríe y se insulta a partes iguales. Dicho en otras palabras otra fiesta con una base rítmica a base de soflamas y ruido verbenero en la cual, como dije al principio se muestra clara la idea de que en este santo País, lo mismo nos da fiesta que protesta. Nos liamos la manta a la cabeza y, o bien nos vamos de puente y no decimos en lo que pensamos (que nos la sopla…) o nos vamos a protesta y no pensamos en lo que decimos (que es mucho más divertido).

Y lo mejor de todo…, de aquí en veinte días escasos la Navidad…

El despiporre…

¡ Viva la Constitución.!

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Las palabras de la Reina


Anda el vulgo soliviantado estos días con las palabras puestas en boca de la Reina Doña Sofía por parte de la autora del libro La Reina muy de cerca, Pilar Urbano, en las que, al parecer decía, refiriéndose al matrimonio homosexual (sic), "Si esas personas (homosexuales) quieren vivir juntas, vestirse de novios, casarse, pueden estar en su derecho, o no según las leyes de su país; pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles; contrato social, contrato de unión...".

Pues bien, sin entrar en el fondo de la cuestión, es decir, si a la unión de dos hombres, dos mujeres, dos peras o dos manzanas puede o no llamársele matrimonio, y pese a que tengo mi propia opinión, desde la fidelidad al espíritu de este blog en términos puramente Constitucionales, analizando el tema, no puedo por menos que asombrarme ante la desproporcionada reacción que grupos de homosexuales (gays y lesbianas) han tenido ante las palabras de Doña Sofía.

Vayamos por partes.

Puede, en principio, parecer que el problema proviniese de la colisión de dos derechos, el de los gays y lesbianas a casarse y el de la Reina a hacer uso de la libertad de expresión.

Sin embargo, no me lo parece, ya que, por un lado los derechos de los homosexuales en nuestro país están plenamente reconocidos y a un nivel que pocas naciones conocen y reconocen, siendo buena prueba de ello el hecho de que España es junto con Bélgica, Canadá, Noruega, los Países Bajos, y Sudáfrica (además de en los estados de California, Massachusetts y Connecticut en Estados Unidos), uno de los pocos Estados que reconocen el derecho, a este colectivo.

Por otro lado, está el derecho a la libertad de expresión de la Soberana, y es ahí dónde, a mi entender, reside el problema, porque, pese a lo que pueda parecer, la Reina tiene y puede hacer uso (faltaría más) de su derecho a la libertad de expresión, pese a quien pese. No encuentro en el artículo 20 1 a) mención excluyente alguna acerca de Doña Sofía ni, por extensión, a la Familia Real.

Tampoco creo que sus palabras puedan calificarse de irrespetuosas, para, así, meterlas con calzador en el apartado 4 del mismo artículo 20. Pretender lo contrario sería magnificar el problema de forma gratuíta.

Cosa distinta es que, por prudencia, moderación y un escrupuloso sentido de la neutralidad, Doña Sofía no se haya pronunciado hasta ahora con respecto a éste y otros temas, pero su derecho a la libertad de expresión está ahí y puede hacer uso de él cuando le plazca, sin más restricciones que las aplicables al resto de los mortales.

Pretender lo contrario no sería más que alimentar la paradoja de privar de un derecho fundamental precisamente a una de las principales personas del país, más aún cuando caemos en la cuenta de que, precisamente quienes pretenden cercenar el derecho de Su Majestad son el colectivo (según ellos y ellas mismos y mismas) que más han sufrido en sus carnes la opresión, restricción y conculcación de derechos, así que, si no quieres caldo, toma siete tazas

Llegado este punto, creo que tengo claro el derecho que la Reina a hacer uso de la libertad de expresión como le venga en gana, así que paso página y me dispongo ufano a analizar (aunque ya he dicho que no me parecen ni siquiera irrespetuosas las palabras) el contenido de la parrafada como si de un aprendiz de la ciencia mayéutica (aunque me falta el maestro) se tratara (o tratase), y nada.

No encuentro en las Reales Palabras indicio delictivo ni ilegalidad alguna.

No injuria, no calumnia, ni siquiera creo que puedan tacharse de tendenciosas sus palabras, sólo expresan una opinión…

Por analogía, intento escudriñar en el Título II de la Constitución para ver si tamaña conducta podría ser objeto de ilícito o reprobación caso de ser llevada a cabo por su marido (el Rey) y ni por esas…

Concepto, funciones, sucesiones, situaciones especiales, refrendos, cuestiones pecuniarias, etc…, pero nada que sea capaz de rebatir a sensu contrario a lo expuesto de manera rotunda en el artículo 20 1 a).

En fin, que desde el punto de vista legal y constitucional, nada que decir. La Reina ha hablado y, aparte del sentimiento subjetivo de despecho y desazón permanente que envuelve el colectivo homosexual, no hallo en la frasecita ilícito alguno ni conducta digna de reprobación.

¿Cómo reprobárselo, además, cuando precisamente el colectivo damnificado no ha tardado ni un santiamén en cargar airadas tintas (con claro y manifiesto uso de su libertad de expresión) en contra de Doña Sofía, demonizando sus palabras y tratando de ver en ellas lo que, de ninguna forma, puede deducirse.

¿Cómo reprobárselo, además, cuando hablamos de una mujer acostumbrada ya, por desgracia, a ver como queman públicamente su foto y el del resto de su familia de manera impune un puñado de iluminados ociosos con ganas de poltrona fácil…?

¿Cómo reprobárselo, además, cuando sobre su persona y la de su familia pesan, de manera permanente y vil, penas de muerte en forma de atentados terroristas…?

Creo, sinceramente que esta mujer se ha ganado a pulso el derecho moral (que el legal ya lo tiene, repito) a hablar, a expresar y manifestar su opinión sobre este y otros temas y que nosotros, el resto de los españoles, tenemos que darnos cuenta, de una vez por todas (que ya va siendo hora…), que esto de la democracia nos vincula a todos, que todos somos destinatarios de sus derechos y libertades y que las obligaciones, además de al resto, nos implican también a nosotros, así que, en este caso, recomendaría al colectivo homosexual en primer lugar, que respeten las palabras de la Reina, como una ciudadana en ejercicio de sus derechos que es al fin, habida cuenta de la habitualidad y vehemencia con la que ellos defienden y hacen uso de los suyos, analicen en su fuero interno si esta reacción no responde a otros problemas bien diferentes a aquel por el que se enojan, y a los poderes públicos, que rápidamente han intentado desmarcarse y rehuir del problema, que hagan un acto de contrición constitucional, "se me lean" 10 veces el artículo 20 y otras 10 el 53 de la Constitución y dejen, por lo menos por esta vez, de someterse a la dictadura de lo políticamente correcto.

¡Hala!, ¡venga, a otra cosa!..., que tenemos encima una peazo de crisis de aquí te espero y no estamos para estas cuestiones…, despejen la vía, señores…

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Un año y pico de Ley de Igualdad.


Hemos rebasado ya en estos días el año y medio de vida de la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, conocida simplemente como Ley de Igualdad.

Al respecto, unas pocas reflexiones a lo que a lo largo de este año y medio se ha venido hablando de ella, comenzando, como creo no puede ser de otra forma, por remarcar la nota favorable y de calidad que para nuestro Ordenamiento Jurídico supone contar con una Norma de estas características.

Ello supone contar en nuestro Cuerpo Legal con una Ley que desarrolla y positiviza la tan traída y llevada “igualdad formal” que propugna el artículo 9.2 de la Constitución, que aborda el enfoque, digamos práctico, de la “igualdad material” del artículo 14.



Puede llegar a pensarse que con estos dos artículos, sobretodo atendiendo a la contundencia del artículo 14 mencionado “todos son iguales ante la ley…” y con las matizaciones del 9.2 bastaba, pero no.

Faltaba, como es natural, una Ley que desarrollara los conceptos antes citados, principalmente el de igualdad formal, de manera efectiva, que facultase a las mujeres, sector de la sociedad menos favorecido en este ámbito, para manejarse en todos los aspectos de sus vidas con una igualdad plena y necesaria.

Una igualdad que desterrase, para siempre el viejo concepto de “sexo débil”, entendido como “inferior”, y situase a las mujeres en el mismo plano que los hombres.

Y es que, con la plena incorporación de la mujer al mundo laboral, fruto, entre otros hechos, de la revolución industrial y transcurridos ya dos siglos completos y lo que llevamos de éste, era ya necesaria, sino acuciante una legislación en éste sentido.

Porque era ineludible regular jornadas laborales conciliables con aspectos tales como la maternidad, que, por el número de mujeres presentes en el censo de población española (50,5% de la población son mujeres frente a un 49,9% de hombres según el Instituto Nacional de Estadística) y hacerlo también extensible a los hombres (por aquello de que son padres…) y porque el embarazo y parto ha dejado de ser un hecho aislado para ser una realidad diaria de la vida laboral española debido precisamente a este incremento de mujeres trabajadoras.

Porque era (y sigue siendo) diferente (en sentido negativo, o sea, a menos…) el trato dado a mujeres y hombres en cuanto a sus remuneraciones frente a los mismos puestos de trabajo.

Y por tantas y tantas cosas en las que detenerme pormenorizadamente sería alargar de manera innecesaria esta reflexión.

No obstante, esta Ley, quizá más que algunas otras (entiéndaseme lo que voy a decir) necesita un cambio sociológico en la mentalidad colectiva de nuestra ciudadanía, ya que, por mucho que se legisle al respecto, si en su base, ergo, la familia, la mujer continúa desempeñando el papel que hasta ahora tenía asignado, poco se puede hacer.

Y ello pasa inevitablemente por el cambio de manera activa y decidida de mentalidad de los hombres, por dejar de “ayudar” en las labores de la casa para, de manera decidida, “colaborar” juntos en llevarlas a cabo, bajo el convencimiento de que, la comida también se la comen ellos, en la cama, también duermen ellos, la limpieza y orden del hogar, también la disfrutan ellos y así en un interminable etcétera.

En definitiva, hay que aplaudir la Norma, pero hay que seguir trabajando día a día en el contenido teleológico que encierra.

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De policías, leyes y cumplimientos...


Leo en varios periódicos el hecho de que la policía autónoma vasca, también conocida como Ertzaintza anda enfrascada estos días con asunto tan espinoso como es la fórmula de juramento (o su ausencia) a la Constitución como condición sine qua non para acceder a la profesión de Policía Autónomo (vasco).

Es decir, para poder acceder al empleo de ertzaina, los agentes, o futuros agentes deben usar, de manera individual, la fórmula del juramento o promesa de acatar la Constitución. En apariencia, es sencillo.



Pues bien, parece ser que desde la creación del cuerpo, en 1982, estos servidores de la ley, o bien no llevan a cabo dicha fórmula de acatamiento o lo hacen, desde 2002, instados por sus superiores políticos de manera eufemística y usando curiosos giros lingüísticos. El caso es dar la nota.

Y esto último (lo de los giros lingüísticos) se sabe, porque el consejero de interior del Gobierno Vasco, Sr. Balza, se ha molestado en aclarar al vulgo español que, desde 2002, los Agentes utilizan una "fórmula por la que los nuevos agentes acceden a la Ertzaintza en el momento actual “ y añade que dicha fórmula “fue modificada ya en dicho año, 2002, para incluir en la misma una mención explícita al acatamiento del ordenamiento jurídico actual".

Además, dada la condición de policía de los ertzainas, su sola presencia, su sola actuación, ya se encontraba revestida de legalidad, algo así como una conversión divina…, y, en tal caso… ¿no resultaba implícito y evidente el acatamiento de la legislación vigente entre la que se encontraba la Constitución…?, pues para que tenemos que darle más vueltas hombre…, soy policía (vasco), soy legal y constitucional por el mero hecho de ser policía. Es un bucle sencillo, y si no lo entiendes, es que eres español de pura cepa, macho.

O sea, que esta fórmula (ideal para épocas de crisis) es algo así como un atajo o un juramento concentrado y adaptado a los tiempos modernos, es decir, que con acatar el Ordenamiento Jurídico actual, el Agente esta cubierto contra cualquier tipo de laguna jurídica conocida o desconocida, actual o venidera. Es, además, una capa más (la capa jurídica) de tela de su uniforme.

Y así, en un plis plas, el Agente está listo y/o dispuesto para la acción, sea la que sea, ya que, si, por analogía (casi generación espontánea), le han inculcado también todos los métodos policiales de actuación en localización urbana, interurbana, circulación de vehículos, control de masas, antiterrorismo, tráfico de estupefacientes, prostitución, entradas y estancias ilegales, tráfico de órganos, delitos tecnológicos y todo el amplio abanico de ilegalidades que los hijos de Dios que se han decantado por los caminos del mal han tenido a bien ir elaborando a lo largo de los siglos y que se supone que estos “superagentes” conocen también por la vía de la “concentración temática” diseñada por sus jefes políticos, estaremos ante un eusko-robocop en toda regla, conocedor de técnicas y tácticas, leyes y no dudo que ciencias médicas que le permitan actuar tanto contra un coma diabético como un parto, pasando, cómo no, por la regulación del tráfico a la salida de una ikastola. El copón, vamos.

Valiente eufemismo este de acatar, de un golpe, todo el ordenamiento jurídico, cuando lo que se pretende es, una vez más, marear la perdiz usando la siempre útil herramienta del lenguaje, porque, lo que realmente ha sucedido es que, desde 1982 hasta 2002, los futuros ertzainas ni juraban la Constitución ni el Catón ni la Biblia ni el Corán, y ante eso y siempre por imperativo legal, las eusko-mentes-pensantes, hubieron de modificarlo, para adaptarlo a los nuevos tiempos.

Et Voilá!!!, ¡hallase aquí la solución!, si lo que nos piden es que usemos una fórmula acorde con el momento actual, ponemos algo así como que los ertzainas “se someten al Ordenamiento Jurídico actual” y además, son policías porque son legales y son legales porque son policías. Problema resuelto.

Un amigo mío puso a la venta un SEAT 127 en internet, y como no lo vendía ni a tiros, alguien le sugirió que lo “maquillara un poco”…

Pues bien, mi amigo, que no es precisamente un trabajador nato, tras el texto inicial se limitó a añadir “y además, tiene todo lo que los coches de hoy en día tienen”…, y se quedó tan ancho.

Pues esto es, ni más ni menos, lo que los políticos vascos han pensado para el juramento de sus policías.

Si hay que acatar, acatamos todo y así no nombramos nada expresamente.

Y el resto somos tontos y nos lo creemos.

En fin, espero que en las Facultades de Derecho, Medicina, etc…, no terminen implantando este tipo de fórmulas a los futuros licenciados, porque, de ser así…, tras un cursillo de tres meses y un juramento de conocer las artes médicas o jurídicas actuales, ya tenemos, por ejemplo, un galeno.

Ojala opere uno de estos de cataratas al Sr. Balza.

Por cierto, mi amigo sigue sin vender el coche…



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